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Optimismo para torpes; el libro que no entiende de crisis

Optimismo para torpes; el libro que no entiende de crisis

El otro día acudí a la presentación del libro “Optimismo para torpes” de Carlos Hernández (@dosabrazos) en Fnac Bilbao. Iba con las expectativas altas y la verdad es que la charla que ofreció el autor no defraudó.

optimismo para torpes carlos hernandez

 

En estos tiempos que corren, es importante no caer en el pesimismo y desesperación. Sí, a veces resulta difícil, pero si algo sabemos es que si solo nos quejamos y no actuamos para cambiar la situación, nada cambiará en nuestro día a día y nuestro ánimo decaerá estrepitosamente.

Por eso, es bueno escuchar de vez en cuando consejos y discursos que te motiven a tirar hacia adelante y pensar que las cosas pueden ir a mejor.

De esto se encargó Carlos Hernández, el autor de este libro, que durante media hora aproximadamente, nos hizo resumen de lo que podríamos encontrar en las páginas de su libro. Me pareció muy interesante y por eso lo comparto con vosotros. Aquí van algunas premisas que resumen lo que allí escuché:

-No tenemos derecho a no ser optimistas. Es una obligación ética. No tenemos derecho a pensar que las cosas no van a ir a mejor y que no se puede hacer nada más de lo que hacemos.

-Síndrome de Poliana: Muchas personas tienden a pensar que todo está muy bien aunque no sea así. Nos evadimos en nuestra burbuja ideal.Eso es un optimismo torpe. El optimismo inteligente es ver cómo están las cosas (siendo realista y sabiendo que hay cosas que están mal) y hacer todo lo posible para que vayan mejor.

El optimismo depende de 7 variables:

1-Percepciones: Todo depende del punto de vista desde el que miramos nuestro entorno. El vaso siempre está lleno, aunque sea de aire. No hay que aprovechar la oportunidad sino saber generarla y para eso es necesario ver las cosas desde un punto de vista distinto. Cambiar el punto de vista.

En este sentido, Carlos nos hacía una pregunta: ¿De qué color son las tiritas?

Todos diríamos que “de color carne” pero, ¿y las tiritas para los negros? Ahí hay una oportunidad de negocio ;)

La percepción condiciona la actitud y por lo tanto el comportamiento.

2Las actitudes: Nosotros mismos somos quienes elegimos nuestra actitud. El discurso que nosotros nos decimos a nosotros mismos configura nuestra actitud. Tenemos discursos agresivos contra nosotros mismos. Esto provoca una actitud pesimista. Hay que tener una actitud productiva.

 3- Cambio: Somos animales de cambio. Todos los días nos enfrentamos a situaciones de cambio y sin embargo nos incomoda. El optimismo está ligado al cambio. Se puede decir que las personas nos dividimos en 3 perfiles:

  • Dinosaurio; no se adaptan al cambio.
  • Camaleón; se adapta al cambio para sobrevivir.
  • Gusano; cualquier cambio nos supone un esfuerzo horrible pero si lo gestionamos bien, se adaptan a su propio cambio, (al igual que los gusanos de seda). Es este perfil el que se corresponde con los optimistas.

4-Motivación: el problema es que hablamos y culpamos siempre en tercera persona. La motivación es responsabilidad de cada uno. No podemos motivar a nadie, sólo poner situaciones o herramientas para que la gente se motive, pero eso es cosa de cada uno.

5- Resiliencia: Hay personas que han sufrido situaciones muy  difíciles y que tienen la capacidad de ser capaces de recuperarse y que no le afecten tanto (contactos, sentido del humor, autoestima). Esas actitudes son entrenables y se pueden trabajar.

6- Sentido del humor: Todo tiene gracia, sea lo que sea. El problema es que a veces no es el momento adecuado para reirse. Es la vía de escape perfecta para cualquier situación. Recomendación: Todos los días descubre 3 cosas que te hagan reír, aunque no lo compartas. Una medicina valiosa contra la ansiedad.

7-Acción: Hay que actuar; soñar y ponerlo en marcha. La diferencia entre un sueño y una meta, es una fecha. En el momento en el que le pongas fecha, podrás actuar en base a eso. El optimismo está ligado a la acción.

Cosas que nos frenan a la hora de actuar:

  • “Esquezofrenia”: enfermedad que nos limita; “Es que no puedo, “Es que no tengo tiempo”, “Es que me pilla fatal”… En contraposición, siempre hay que poner un “hay que” o “tengo que”.
  • El lenguaje cambia el estado de ánimo. Cuanto más lenguaje negativo escuchemos, más negativo será nuestro espíritu. Las personas que utilizan este lenguaje son ladrones de energía.
  • El sentido del ridículo y el “qué dirán” nos frenan a la hora de cambiar.

Tenemos una noticia mala y otra buena:

La mala: El pesimismo se contagia.

La buena: El optimismo también.

Viendo esto, la conclusión por parte de Carlos fue la siguiente: No nos queda otra opción que ser optimistas.

 

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